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Monarquía, propuesta dantesca hacia la felicidad humana

Dante, la divina comedia

Estela Socías Muñoz

Monarquía, propuesta dantesca hacia la felicidad humana.­

“… el género humano se asemeja más a Dios, sobre todo, cuando es más uno, porque la verdadera razón de la unidad se encuentra solamente en Él"

En el pensamiento político de Dante Alighieri, es el concepto de unidad, de centro gobernante el que nos da el hilván para penetrar en su discurso. Esa unidad ‘que tiene su punto culminante en la figura de Dios, es la práctica política que desencadenará felicidad humana. Afirmamos la siguiente hipótesis, que dirigirá nuestro trabajo: Dante postula la monarquía como la forma política por antonomasia que llevará a la humanidad a la paz universal.

Tenemos que comenzar por volcar nuestra atención a la pretendida autonomía de, los poderes, político eclesial, que busca el poeta. Lo que se quiere es la división de éstos, ya que se encontraban concentrados en manos de la Iglesia Católica.

Desde lo anterior se oponen dos reinos, el terrenal y el eterno o espiritual, creados por Dios para ser gobernados uno por un emperador y otro por una autoridad papal, es así como metafóricamente, nos habla en su texto Monarchia, de dos grandes luminares, en donde sólo una cree que conserva el derecho a demandar el poder de las dos esferas, refiriéndose a la opinión de algunos coetáneos:

Dios hizo dos grandes luminares- uno mayor y otro meno, uno para que alumbrase durante el día y otro para que lo hiciera durante la noche; y esto, dicho en alegoría, entienden que eran los dos regímenes, a saber, el espiritual y el temporal. Arguyen después que, así como la Luna, que es el luminar menor, no tiene luz sino en cuanto la recibe del Sol, así tampoco el reino temporal tiene autoridad, sino en cuanto la recibe del régimen espiritual.( Dante , Monarquía, 91)

Ese régimen espiritual se refiere a la Iglesia, al Papado, no al poder de Dios, pues para Dante no debieran existir intermediarios entre el poder que Dios le otorga a un monarca, Dios inspira su quehacer político. El imperio como Institución, más allá de las personas que lo comanden, es una creación divina; así lo cree Joaquín Barcelo: " El imperio, …, no existe por voluntad humana sino por voluntad divina, en referencia al Imperio Romano, se concluye que su constitución era necesaria para que Jesús ejerciese su acción redentora, para que el género humano fuese castigado en la cruz.

El Imperio, es entendido como la concentración del poder político en manos de un monarca, el cual debe buscar el bien común. Es la unidad que acerca a la humanidad a la esfera divina, pues ese bienestar común que se persigue debe ser el esfuerzo por establecer la justicia en lo terrenal. Justicia que se conseguirá, según el poeta si el que se logra una unidad que asegure y luche por erradicar cualquier injusticia o prácticas nocivas para la sociedad, la cual unida en conjunto se vuelve humanidad en pro de un proyecto cívico, el: bien común.

El proyecto cívico de la humanidad debe ser mantener la justicia para poder vivir en sociedad y de esta forma lograr la paz universal. La justicia, para Dante Alighieri, consiste en una rectitud, o en una regla que rechaza lo incorrecto. De esta forma la rectitud de las leyes se dictarán en función de la utilidad común. Un mismo fin para toda la sociedad civil. El mundo, por lo tanto se construirá más ordenado mientras más poderosa sea en él la justicia:

La justicia más poderosa se da solamente bajo la autoridad del monarca; por consiguiente, se requiere la Monarquía o el Imperio para la mejor organización del mundo. ( Alighieri, Monarquía, 19)

Para el poeta si no existe un centro de poder la ciudad como relación cívica entre sus habitantes desaparecería. Es absolutamente necesario lograr una unidad que conserve la justicia en pro del bien común de la humanidad, esa unidad está representada por el monarca o emperador independiente de los poderes eclesiales. Su mandato debe ser político inspirado en la doctrina de Cristo, pero debe tener autonomía con respecto a las entidades terrenales que simbolizan a Dios en la tierra. Es así como se expresa Dante Alighieri:

… el género humano es más uno sobre todo cuando hay unidad entre todos lo hombres. Y esto no puede tener lugar si no se somete totalmente a un solo príncipe, y consecuentemente, es lo más conforme posible a la intención divina; lo cual es comportarse bien e incluso muy bien.( Alighieri, Monarquía, 16)

Es necesario que sea un sujeto el que gobierne, un monarca que salvanguarde la civilidad, en tanto que la monarquía como forma política por antonomasia, para Alighieri, es el modelo universal a instaurar en el mundo para lograr la paz universal, otorgada por la rigidez de las leyes, de la justicia en manos de un todo político, que nos acerca a lo Uno divino.

Los seres humanos en forma aislada no podrán lograr la tranquilidad necesaria que traerá felicidad al mundo, pues la humanidad como conglomerado dirigido por un monarca que los reúne en la justicia, sólo podrá lograrlo; es así como lo creen Laurano Robles y Luís Frayle, en el estudio preliminar de la edición de "Monarquía" con la que hemos trabajado:

Sólo la humanidad, en cuanto tal, puede asegurar a los hombres la felicidad más completa que pueda alcanzarse en la tierra; lo que no es posible sin la paz, conditio sine qua non para conseguir aquella. De donde se concluye que la " paz universal" es el mejor medio para nuestra felicidad. Paz, a su vez, imposible de obtener sin un o poder único que la garantice. De ahí que el orden del mundo requiera y exija la existencia de una monarquía universal o Imperio. ( Alighieri, Monarquía, xxiii)

Entre los poderes, político y eclesial, existen ocupaciones específicas para cada uno, una terrenal y otra espiritual, ninguna debe entrometerse en el escenario de trabajo de la otra, con referencia a esto se expresan los autores ya citados:

Al Papa compete, pues, dirigir al género humano hacia la vida eterna siguiendo las enseñanzas de la revelación, y al Emperador buscar que éste consiga la felicidad temporal guiado’ por los principios de la razón y de las leyes humanas.

( Alighieri, Monarquía, xxx)

La felicidad humana no puede ser alcanzada si la humanidad no doma sus pasiones, es la razón, el intelecto, el cual nos hace universalizar las virtudes morales y nos lleva a la felicidad, en este caso terrenal.

Se nos presentan desde nuestra división básica, terrenal! espiritual, dos felicidades. La felicidad última que puede esperar la especie humana es la contemplación de Dios, felicidad eterna y sentido de perfección; percibamos ese tinte de felicidad en la Divina Comedia:

Por la intensidad del vivo rayo que soporte sin cegar, creo que me abría perdido si hubiera separado de él mis ojos; y recuerdo que por eso fui tan osado para sostenerlo, porque uní mi mirada con el Poder infinito. i Oh gracia abundante, por la que tuve atrevimiento para mirar en la Luz eterna hasta tanto que consumí toda mi fuerza visiva!. En su profundidad vi que se contiene ligado con vínculos de amor en un solo volumen todo cuanto hay esparcido por el Universo: sustancias, accidentes y sus cualidades, unido todo de tal manera que cuanto digo no es más que un pálida luz. Creo que vi la forma universal de este nudo porque, recordando estas cosas, me siento poseído de mayor alegría. (… ) El efecto de la luz es tal, que no es posible consentir jamás en separarse de ella para contemplar otra cosa; porque el bien, que es objeto de la voluntad, se encierra todo en ella, y fuera de ella es defectuoso lo que es perfecto.

El símbolo de la universalidad se expresa en un rayo luminoso, el cual es imposible dejar de contemplar e intraducible la felicidad que genera, es la Luz Divina y eterna. Para el poeta, ésta es la felicidad última para los seres humanos.

Por otro lado la felicidad que compete al plano: político, por lo tanto terrenal, para el poeta, consiste, según Joaquín Barceló en :en la operación de la propia virtud o capacidad (… ) y se representa por el paraíso terrestre (….). Este fin se alcanza siguiendo las enseñanzas racionales de la filosofía al poner en operación las virtudes morales e intelectuales. ( Barceló, Para leer…, 83)

Son las pasiones las que nos llevan, según el Aliguieri, a ser injustos ya no encontrar universalidad en el bien común. Es la razón la que debe guiar al Imperio en manos de su Monarca, para alcanzar la paz universal, el reino de la virtud.

La diferencia en los dos escenarios es la que fundamenta la doble conducción, con autonomía, sobre la humanidad, salvación eterna y el fin temporal de la paz universal que lleva a la felicidad. Por lo tanto la monarquía se plantea como la práctica política dirigente que logrará la paz y así la felicidad en la justicia para los seres humanos.

Bibliografía:

1.- Alighieri, Dante, Divina Comedia. (ed) Angel Chiclana. Editorial Espasa, Madrid, España. 1999.

2.- Alighieri, Dante. Monarquía. (ed) Laureano Robles y Luis Frayle.

Editorial Tecnos, Madrid, España.1992.

3.- Barceló, Joaquín. Para leer la Divina Comedia. Editorial Biblioteca

Americana. Santiago. Chile. 2003.