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Reseña Bibliográfica

Parraguez Torres, Sonia, Caiceo Escudero, Jaime (2014). Persona, Cultura y Universidad, según el Pensamiento de Juan Pablo II. Santiago de Chile: Ediciones Departamento de Contabilidad y Auditoría, Universidad de Santiago de Chile.

Sonia Parraguez Torres y Jaime Caiceo Escudero, ambos Doctores en Educación, realizan en este libro un estudio sobre el pensamiento de Juan Pablo II, apelando a situaciones que en la actualidad son debatidas en todos los medios de comunicación y en el propio gobierno.

La sociedad debe tomar conciencia y, en este texto queda claramente expuesto, la deshumanización que existe en todos los ámbitos en que el ser humano vive y se desarrolla..

Se inicia esta reseña con la frase de Heráclito: “Todo fluye, todo cambia, nada permanece“(fs. 17), lo cual constituye una verdad irrefutable, la humanidad, mejor dicho la sociedad vive una época de decadencia en cuanto a valores, donde lo material prevalece y se antepone a cualquier argumento que tenga que ver con la búsqueda de la verdad y el fin último del hombre, que es su propia felicidad y el encuentro con el Creador.

Este análisis se centra en algunos aspectos que llaman la atención a medida que se avanza en su lectura y que tienen que ver con “el Hombre y la Educación“. Se parte de la base que los actos de cada ser humano están regulados por la ley natural, expresando que el hombre es un ser moral, cuyos actos pueden ser buenos o malos; cada uno es responsable de dar sentido a su vida buscando la verdad (fs21); lo anterior es posible porque las principales características de la persona son su libertad -gracias a la cual puede elegir el bien o el mal- y su intelecto -por el cual puede acceder a la verdad-.

La moral tiene que ver con la solidaridad (f.29).Si bien el análisis fue hecho en un contexto general, se puede señalar que en estos últimos tiempos y, específicamente en el caso de Chile, se ha visto que ante las adversidades catastróficas sufridas tanto en el incendio de Valparaíso y en el terremoto del norte de Chile, se ha podido comprobar que el hombre ante las dificultades es capaz de actuar con solidaridad y con lo mejor de sus capacidades emocionales y materiales, sin distinción de razas ni clases, reafirmando su voluntad de hacerlo en conciencia.

En otra perspectiva, se debe tener la obligación de humanizar la educación, tomando conciencia de la equidad de la misma y evitando el lucro por tratarse de un derecho. No es fácil apreciar en las discusiones que actualmente se llevan a efecto en los medios de comunicación sobre el tema que se tenga presente lo que San Juan Pablo II exponía en sus discursos y encíclicas, promoviendo en primer lugar los derechos del hombre, emanados de su naturaleza humana y su semejanza con Dios.

Otro aspecto relevante que señala es la existencia de un principio fundamental, como es la familia, en donde el niño y el joven recibe los principios y valores principales y donde es posible cobijarse.

Refiriéndose a la Universidad Católica, el Sumo Pontífice señala que las investigaciones que en ella se realicen deben estar fundamentadas en los principios valóricos y deben hacerse en favor de humanizar más el mundo. Ello constituye el eje fundamental para sostener un plantel superior de educación, y bajo este punto de vista a fs. 157 se señala textualmente “los científicos ayudarán realmente a la humanidad solo si conviven el sentido de la trascendencia del hombre sobre el mundo y de Dios sobre el hombre” (Juan Pablo II en su discurso en la Unesco el 2 de Julio de 1980, N°22), frase que permite reflexionar sobre el papel de la Universidad Católica, dando ejemplo en cuanto a la tarea que debe moverle: Diálogo permanente de la ciencia con la verdad revelada.

Es importante dejar claro que el Papa en sus esfuerzos en fomentar los valores religiosos, morales y éticos en la Universidad Católica, señala que la misión y visión de este plantel está en promover la justicia social entre los docentes y todo el personal que la conforman y que deben entregar los conocimientos a sus estudiantes con un sentido de comunidad y que deben participar en espacios de reflexión y oración que enriquezcan la fe (fs. 165) Todas las investigaciones deben articularse en torno a tres deberes fundamentales de la comunidad cristiana: “el deber de anunciar”, “el deber de la liturgia y de la oración“ y “el deber de servicio”; es decir, los educadores y educandos deben participar en la búsqueda de la verdad y difundirla, en la práctica de la fe con la oración a Dios y con el servicio al prójimo, en la persona de sus hermanos.

En este sentido es importante crear un puente entre el el mundo de la cultura y el mundo de la fe (pag.152)”El Santo Padrellama a los catrpólicos que integran la comunidad uniuversitaria , paraque conturyan puentes entre el mundo de la cultura y el mundo de la fe a través de su testimonio de fé; dialogsndo mcon la juventud

Este texto es producto de una profunda investigación, que considera todos los aspectos necesarios para fomentar una educación basada en valores cristianos y que debe traspasar sus aulas para llevar los mensajes a todos los ambientes de la humanidad con el fin de transformarla desde adentro y renovarla, como lo indica el nuevo Santo de la Iglesia a contar de hoy (fs. 167).

Su Santidad confía plenamente en la presencia y acción de la comunidad universitaria. El mundo necesita testimonios y es en estos planteles donde la educación debe estar comprometida con el progreso de la sociedad, haciéndola más justa y humana.

Para finalizar esta reseña, la autora desea entregar el siguiente mensaje: “El hombre no sólo debe vivir en base a lo teórico; en la práctica logrará que la sociedad entera se entregue a vivir en torno a una educación valórica, de igualdad, de derechos y deberes para todos, permitiéndoles tomar conciencia que en la unión de todos es posible encontrar la justicia y la felicidad”, siendo ello ña conclusión del pensamiento de San Juan Pablo II.

Estela Socías Muñoz

Docente Universidad Mayor

Santiago de Chile, 27 de Abril de 2014