Esbozo de ideas o propuestas que desarrollaron la educación en Chile
Las ideas sobre los mejores caminos y modos de educación en Chile nacen conjuntamente con las primeras ideas de Independencia. Y se comienzan a desarrollar, en la práctica, con el primer Congreso Nacional en 1811.
Hasta el 10 de septiembre de 1810, fecha en que se constituye la Primera Junta Nacional de Gobierno, la educación estaba regida por los parámetros españoles y sólo era asequible para los miembros de la elite gobernante y los sectores criollos con cierta solvencia económica. De hecho, todos los próceres de nuestra independencia fueron educados bajo este régimen de enseñanza. Pero la llegada de nuevas ideas políticas y el sentimiento por obtener una patria libre y soberana también venía acompañado de nuevas ideas pedagógicas, sobre todo en cuanto a poner la educación al alcance de los más amplios sectores sociales. Remarcando el énfasis en la educación primaria.
Las ideas sobre la educación en Chile tienen ribetes, en sus orígenes, como ya expresáramos, de elite, pero con un discurso popular y amplio, aunque en la práctica no se cumpliera. Esto tiene que ver con que en los inicios de la República no existían, en los sectores que impulsaron las ideas de independencia, un sentido de democracia desarrollada tal como la conocemos hoy.
A pesar de esto, y de las limitaciones existentes en la época, hubo propuestas respecto a extender la educación a los sectores populares que no participaban en las decisiones del país.
Fernando Campos, explica en su libro Desarrollo educacional, que las primeras ideas para implementar un plan de educación independiente de la enseñanza española de la colonia, se encuentran en un proyecto propuesto por Juan Egaña a don Mateo de Toro y Zambrano en 1810, poco antes de la instalación de la Primera Junta Nacional de Gobierno. En el proyecto se hacía hincapié en la necesidad de una educación pública. En este plan estaba incluida la idea del Instituto Nacional, centro de estudios que permanece en funciones hasta el día de hoy y cuyo aporte a la educación y cultura nacional ha sido fundamental.
Durante la llamada Patria Vieja (1810-1814) se intentó dar forma a algunas políticas educacionales consideradas fundamentales. Durante el gobierno de don José Miguel Carrera, por ejemplo, éste impulsó la enseñanza femenina, que estaba destinada solamente a la clase social más pudiente y quiso llevarla al pueblo. Pero todo aquel incipiente desarrollo de ideas educacionales progresistas se vio frustrado debido a la reconquista española (1814-1817). Período en que se reestablecieron los antiguos sistemas de educación españoles.
Posteriormente, con el triunfo del Ejército Libertador, y la obtención definitiva de la independencia de Chile, se dio comienzo a la llamada Patria Nueva (1817-1823), con el gobierno de don Bernardo O’ Higgins Riquelme en calidad de Director Supremo. Durante su mandato reabrió el Instituto Nacional y fomentó el desarrollo de la educación primaria con especial atención. En su implementación se impuso, en un comienzo, el sistema de enseñanza llamado lancasteriano, que consistía en que los alumnos más aventajados participaban en la educación de sus compañeros menos instruidos y con problemas, esto con la intención de ser una especie de extensión del profesor titular y llegar con la enseñanza a mayor cantidad de alumnos. Este sistema fue implementado en Inglaterra por José Lancaster y difundido en América por el ciudadano inglés Diego Thompson. Por su parte Fray Camilo Henríquez, uno de los precursores de nuestra Independencia, planteó la necesidad de fundar una Escuela de Artes y Oficios.
Hay que decir que todas estas ideas tuvieron cierto grado de dificultad para ser llevadas a la práctica debido a la inestabilidad política de la nueva República y a las disputas entre los propios patriotas que acababan de conquistar la independencia de Chile. Sobre todo entre 1823 y 1830, un período lleno de contradicciones. Pero en todo caso, aún así, se lograron muchos avances a pesar de la resistencia de los sectores conservadores para implementar la educación a las clases más desposeídas. Muchas de las objeciones venían de la Iglesia Católica, pues cuestionaban algunas de las materias que se enseñarían a los alumnos. Sobre todo en el campo de las letras, ya que temían que las ideas europeas de emancipación intelectual fueran difundidas en nuestro país, en especial las francesas nacidas de la revolución. Siempre las clases más pudientes tuvieron reparos en que la educación llegara a las clases populares, pues veían en ello un peligro que podía poner en cuestionamiento su dominio de clase controladora del Estado. Ese era, objetivamente, el fondo de los cuestionamientos.
El problema de quiénes serían los principales beneficiados con el acceso a la educación fue un asunto de constante debate, y es algo que marcó la discusión acerca de las ideas pedagógicas en nuestro país durante el siglo XIX, cuando la República estaba en plena etapa de formación.
La llegada de intelectuales extranjeros a Chile también fue fundamental en el desarrollo de las ideas pedagógicas. Surgieron propuestas y se dio paso a un intenso debate alrededor de ellas. En este plano, la presencia del venezolano Andrés Bello y del argentino Domingo Faustino Sarmiento, fueron un aporte esencial, y sus ideas marcaron la discusión a lo largo del siglo XIX. A éstos se sumaron, en el transcurso del siglo, intelectuales chilenos como José Victorino Lastarria, Benjamín Vicuña Mackenna y Valentín Letelier, por ejemplo, que tomaron posiciones desde una visión liberal, y de cierta manera independiente, sobre los problemas de la educación, aunque no sin contradicciones que se fueron manifestando en sus planteamientos debido a los cambios políticos que iban surgiendo.
En el caso de Andrés Bello, que llegó a ser el primer rector de la Universidad de Chile, su pensamiento poseía características conservadoras bastante notorias, relacionadas con la idea de conciliar posiciones monárquicas con el liberalismo, aunque luego fue cambiando a posiciones más republicanas.
La idea general que existía en la época era que se privilegiara la construcción de un sistema educacional centrado en la educación secundaria y universitaria. Es decir, la educación de las elites, cuyo destino era gobernar la nación. Esta idea fue permanente incluso hasta muy entrado el siglo XX. De hecho en la época de celebración del Centenario para la elite gobernante no existía ni el problema social ni el problema de una educación parcial, limitada y de clase. En el fondo se pretendía mantener lo que era llamado “el orden social”, y en esto contribuían hasta los hombres que aparecían como más republicanos. En el caso de Andrés Bello, dice Carlos Ruiz que él representaba:
“el compromiso de quienes impulsan las políticas conservadoras de la época con la educación y el sentido en que esta es concebida como funcional a la mantención del orden social: no se trata de transformar las diferencias de posición social, sino de la construcción de un sistema educacional adaptado a ellas y que a través de esa adaptación las transforme en legítimas” (1).
La afirmación es elocuente, sin lugar a dudas.
Por otro lado, Darío Oses, en un artículo titulado “Chile una larga escuela” también da cuenta de las posiciones conservadoras, y sectarias si se quiere, que marcaron gran parte del debate sobre la educación durante el siglo de formación de la República, en especial cuando se quiso extender los alcances de la educación a los sectores más populares durante la segunda mitad del siglo en cuestión, por lo que nos parece importante citar un breve, pero esclarecedor, fragmento del artículo:
“No faltaron, sin embargo, los detractores de los esfuerzos por extender la enseñanza. En 1857, el parlamentario Enrique Cood declaraba: "haciendo descender la instrucción sin discernimiento y con excesiva liberalidad sobre las clases inferiores, ella inspirará a los jóvenes que la reciban disgusto por su estado, desprecio por sus iguales, y el envanecimiento de una superioridad engañosa, que les hará mirar con tedio el trabajo manual, el servicio doméstico, y aún el ejercicio de aquellas artes honrosas pero humildes, que nos proporcionan la satisfacción de las primeras necesidades de la vida” (…)
Por su parte, José Larraín Gandarillas preguntaba: "¿Qué gana el país con que los hijos de campesinos y los artesanos abandonen la condición en que los ha colocado la Providencia, para convertirlos las más veces en odiosos pedantes que aborrecen su honesto trabajo?” (2).
Dentro de este debate, y a diferencia de don Andrés Bello y los conservadores a ultranza, don Domingo Faustino Sarmiento tenía una visión realmente liberal y con un planteamiento más democrático con respecto a la educación. El manifestaba que se debía desarrollar, a través de la instrucción pública, todas las capacidades posibles de sus integrantes (de la sociedad), sin exclusión. Es decir, el pueblo incluido, la clase trabajadora en su totalidad. Un país debe velar por el bienestar educativo equitativo, independiente de la clase social a la que pertenezca quien requiera de recibir educación.
Sarmiento pensaba, por ejemplo, que la Universidad de Chile y el Instituto Nacional privilegiaban la enseñanza de la elite, sin sentir el menor interés por la suerte del pueblo, salvo en el discurso oficial, claro está.
De hecho, Sarmiento hace una fuerte crítica a estas entidades, consideradas como el bastión de la intelectualidad y cultura nacional. Sarmiento se pregunta sobre el Instituto Nacional:
“¿No habrá de haber en Chile más que un colegio, en donde se dé a toda la Nación, a todos los pudientes gratis la educación que requiere la elevada posición de sus hijos?” (3).
Domingo Faustino Sarmiento también recalca que se debe poner especial interés en la educación primaria y acentúa su idea de que toda la educación funcione dentro de un solo sistema educacional. Consideraba a la educación primaria un elemento básico para civilizar, pues esa era la función principal de la educación: civilizar.
El sentido de una educación popular es permanente en el pensamiento de Sarmiento, pues la vincula políticamente al hecho que un pueblo más educado en su conjunto elegirá gobernantes más justos.
Aquella disposición de entregar educación de manera popular, aquel sentimiento de educar al pueblo para que también tenga derecho a tomar la palabra en las decisiones del país, no sólo estuvo presente en Sarmiento sino que en muchos intelectuales chilenos que si bien pertenecían a la elite, aspiraban a educar al pueblo para que éste tomara conciencia de sus derechos.
Al respecto, nos parece pertinente referirnos a un caso muy particular relacionado con ese sentido de lo popular. A inicio de los años cincuenta se creó en Chile la Sociedad de la Igualdad, agrupación revolucionaria que pretendía tomar el poder político para el pueblo. De hecho en 1851 los integrantes de la Sociedad de la Igualdad intentaron tomar ese poder por medio de las armas pero fueron derrotados.
Durante su breve existencia, la sociedad, dentro de sus propuestas, el tema de la educación estuvo en primer lugar y llegaron a plantear como objetivo principal la formación de una Escuela de Educación y Propaganda para el proletariado político y social. Su opción por los desposeídos había sido manifestada claramente en el primer número del periódico “El Amigo del Pueblo”, redactado por Eusebio Lillo y donde se podía leer: “que el pueblo se rehabilite de veinte años de atraso y tinieblas”. Desde este órgano escrito se hacía público el programa de los asociados, que, entre otras cosas, contemplaba dentro de su plataforma de lucha la creación de escuelas gratuitas, bancos de obreros, montes de piedad y baños públicos. La organización revolucionaria comenzó de inmediato su trabajo práctico, llevando adelante clases para obreros, donde se les enseñaba aritmética, economía, música, política e incluso inglés.
Este tipo de propuestas encontraría continuidad a finales del siglo XIX y principios del XX en los dirigentes de la clase obrera, principalmente en su líder Luis Emilio Recabarren, obrero tipógrafo que llegó a ser diputado de la Nación. Recabarren puso principal énfasis en la gran importancia de la educación y en cómo hacerla llegar al pueblo. Aunque sus propuestas jamás pudieron concretarse debido a que el poder político estaba en una clase que a la cual no le interesaba en mayormente que el pueblo se educara.
Hasta entrado el siglo XX la situación fue más o menos la misma, una eterna inconsistencia entre lo que se decía que se haría en el plano de la educación y no hacer nada realmente significativo. Incluso a pesar del famoso Congreso Nacional de Educación Secundaria concretado en 1912, donde si bien se diagnosticaron las falencias de la educación y su sentido de elite, no significó un mejoramiento en la educación para las clases más desposeídas.
En la década del veinte (1920) se promulgó la ley de instrucción primaria obligatoria, que tras un largo proceso recién entró en vigencia bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo en 1929. Se entró en un período en que ya estabilizada la situación política en general y con una economía más fuerte e industrializada, el problema de la educación pudo ser tratado de mejor manera. Aunque evidentemente sin ser la primera prioridad entre los problemas del país. Incluso durante el gobierno de don Pedro Aguirre Cerda, cuyo lema era “gobernar es educar”, no se logró consolidar una política educacional que lograra superar los problemas existentes y las desigualdades entre educación publica y privada. Aunque si hay que destacar la gratuidad de la educación pública, incluida prácticamente la gratuidad de la educación universitaria, hasta los cambios impulsados por el gobierno de Augusto Pinochet en la década de los años ochenta en Chile.
Pero siguiendo con nuestro itinerario, diremos que una reforma importante se dio bajo el gobierno de don Eduardo Frei Montalva, que en 1965 promovió una Reforma Educacional que comenzó la modernización de la educación chilena. Centrándose fundamentalmente en la democratización de ésta. En todo caso el concepto de democratización en esta reforma no es algo aceptado por todos. Esto debido a que una democratización de la educación tiene que ver también con los contenidos y valores que se entregan y no sólo como una inversión económica. Y cuando se habla de contenidos se debe entender como una enseñanza absolutamente plural y libre de dogmas y prejuicios, que aspire a la libertad de conciencia. Incluso hoy es esta una discusión pendiente, en muchos aspectos, en nuestro país.
Posteriormente llegó a la presidencia Salvador Allende, que en el plano de la educación propone La Escuela Nacional Unificada (ENU), proyecto que buscaba reformar en sus raíces a la educación chilena.
La idea central del proyecto era reformar a fondo la educación chilena en todos sus aspectos, haciéndola realmente democrática y poniéndola al alcance de todos bajo la dirección del Estado chileno, que velaría por el cumplimiento de las reformas dispuestas. Esta es la mayor transformación que se intentó realizar en el plano educacional en Chile. Buscaba la plena integración entre alumnos, profesores, apoderados y autoridades con el fin de acabar con la desigualdad social en la educación chilena. En especial se esperaba poner en igualdad de condiciones a la educación primaria con respecto a la educación secundaria y superior. Pues la primera se seguía pensando para los trabajadores, obreros, campesinos y otros relacionados y las segundas, salvo en excepciones, para los alumnos provenientes de la elite: clases media alta y alta, en general.
Con el golpe de Estado de 1973 todo cambió drásticamente y la educación entró en una fase de desarrollo muy distinta a lo que planteaba el gobierno de la Unidad Popular. Comenzó un proceso de privatización de la educación aplicado de diferentes maneras, pero centrado en la economía de libre mercado. De hecho se redujo la Universidad de Chile, se municipalizó la educación y se crearon los colegios particulares subvencionados. En este período el debate de ideas pedagógicas en el plano propositivo, respecto a modos de enseñanza y materias, fue muy menor, pues todo se centró en cuestiones técnicas y económicas.
Llegada la democracia en los años noventa, y hasta la fecha, las cosas no han variado en cuanto a la estructura de educacional, pero si se ha abierto un debate en torno al diagnóstico de que la educación chilena requiere de grandes transformaciones y nuevas ideas en el plano pedagógico. Se ha cuestionado incluso la calidad de los profesores. Se han formado comisiones para que estudie una Ley General de la Educación integrada por docentes, autoridades, expertos en la materia y alumnos. Aunque en la práctica sus resultados aún son bastante inciertos.
A modo de conclusión
Al analizar este esbozo de ideas que desarrollaron el debate en torno a la educación desde la fundación de nuestra República, es claro que la columna vertebral en torno a la cual giró gran parte de esta discusión de ideas tiene que ver con el hecho de que siempre ha existido una educación para los que pertenecen a la clase más adinerada y quienes pertenecen a la clase trabajadora.
Se ha debatido mucho acerca de la calidad de la educación privada en relación con la educación pública administrada por el Estado, y es claro que existe una diferencia debido, fundamentalmente, a los recursos que cada instancia destina para el desarrollo de la educación. Aunque esto no lo es todo, pues también nos encontramos con que no existe una idea ni propuesta concreta, hoy en día, que pueda dar solución a los problemas de la calidad de la enseñanza, sobre todo en el sector público. Los recursos en educación son limitados, y los sectores más conservadores siguen manifestando que privatizar la educación es la mejor manera de mejorar las cosas. Esto a pesar de que tenemos el ejemplo de los colegios particulares subvencionados, que no han dado los resultados esperados.
Además está el problema de que si la educación tiene como objetivo el lucro, y no se la ve como un bien público, como un derecho del pueblo, cualquier idea que indique lo contrario se verá cuestionada. Un pueblo educado sin duda será más próspero, pero esta educación debe darse en igualdad de condiciones para todos los integrantes de la sociedad que constituyen la nación. Hoy Chile cumple doscientos años de vida independiente y aún subsisten problemas que se debieron haber resuelto hace muchos años en el plano de la educación. Deberíamos retomar el concepto de don Pedro Aguirre Cerda al cual hicimos referencia más arriba, que dice: “gobernar es educar”, y desde esa idea, que nos parece que es la más lúcida y sintética, iniciar un proceso que verdaderamente democratice la educación chilena y la ponga al alcance de todos en igualdad de condiciones.
NOTAS:
(1) Ruiz Schneider, Carlos (2010). De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile. LOM Ediciones. Página 45.
(2) Oses Darío. “Chile, una larga escuela”. Revista “Nuestro”. Septiembre de 2009. N º 10, pp. 9-12
(3) Ruiz Schneider, Carlos (2010). De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile. LOM Ediciones. Página 51.
Bibliografía
Campos, Fernando (1960). Desarrollo educacional 1810-1960. Editorial Andrés Bello.
Ljuvetic, Iván (2004) Historia del Magisterio chileno. Santiago de Chile: Ediciones Colegio de Profesores de Chile.
Oses, Darío (2009). “Chile, una larga escuela”. Revista “Nuestro”. Septiembre de 2009. N º 10, pp. 9-12
Ruiz Schneider, Carlos (2010). De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile. LOM Ediciones.